
Lo primero que hace un chileno cuando llega a Asunción es sentirse millonario, además de enfermo. Millonario porque al pasar por la casa de cambio y darle 200 dólares por la ventanilla al cajero, la devolución por su parte es de algo así como 500.000 guaraníes. Si señores, quinientos mil. En el momento que me los pasó no pude dejar de sentir un inmenso poder y agradecerle por haberme dado tantos… ¿tantos que?, así que le pregunté, “¿señor, cómo se llaman estos?”, “guaraníes”, respondió él. Así que Ojos Rojos tenía dos días para derrochar ceros, hasta que, como era de esperarse, la decepción y la realidad se hacen patentes cuando nos dicen que el taxi al centro cuesta 90.000 de esos.


Además de millonarios nos sentimos algo enfermos cuando vimos que en el aeropuerto todos los habitantes locales tenían esas cosas blancas tan de moda que sirven para taparse la boca y no contagiarse enfermedades que, la verdad, son igual o menos peligrosas que todas las fiebres que aparecen en todas nuestras ciudades sudamericanas cada vez que llega el invierno. Pero bueno, si los paraguayos aun no tienen casos del Síndrome de Porky, se entiende que no quieran que una manga de chilenos se las contagie. Nos hicieron sentir un poco enfermos, pero hay que decir que son muy buena gente, que son un pueblo muy amable, un país muy acogedor.
Al final, y menos mal, lo que les llevamos no fue fiebre, si no fútbol. O mejor dicho, la fiebre del fútbol. Y así, gracias a la pelotita hemos podido estar ahí, en Asunción, y conocer a nuestros vecinos, de los cuales siempre estaremos agradecidos por lo bien que nos trataron.
El equipo de Ojos Rojos se alojó en la casa del Pelao y Natu, él, un amigo chileno, anarquista que se autoexilia a Paraguay porque sí, porque le da la gana, ella, Natu, paraguaya y feminista, más de lo segundo que de lo primero. Nos quedamos en su casa que, además de casa es una biblioteca abierta a la ciudadanía entera, porque, aunque suene raro, en este mundo hay más que fútbol. Se trata de la “Comuna Emma Chana y todas la demás”. Vamos a abstenernos de darles la dirección de la Comuna, simplemente por si algún lector es antianarquista o antifeminista y se le ocurre ir ahí a irrumpir la paz.


Posiblemente, si Ojos Rojos tuviera la plata suficiente, y tuviera en dólares la misma cantidad de ceros que en guaraníes, hubiéramos ido a un Hotel, tal vez al mismo que la Selección, hubiéramos comido mucho y sin parar, y hubiéramos usufructuado del Juanito Caminante, Etiqueta Roja, obviamente. Pero no. Ojos Rojos requiere todo nuestro esfuerzo, tiempo y dinero, y eso se torna a veces realmente bueno porque, como dicen por ahí, no hay mal que por bien no venga, y siendo lo que somos hemos logrado conocer cosas en todos los países que los dólares no nos hubieran mostrado. Es decir, que con Master Card no podríamos haber estado con el Pelao y la Natu, ni haber dormido placidamente en esos colchones desplegados por el suelo de la sala de lectura.
Esta ha sido por ahora la crónica paraguaya, de fútbol hay poco que decir porque la roja sigue repitiendo el buen juego al que ya comenzamos a acostumbrarnos; el placer de jugar bien se disfruta a cada momento y nosotros recreamos a cada momento los movimientos de Alexis. ¡Agarráte Messi! La extrañeza de ganar nos confunde en silencio y la esperanza se mantiene intacta.

Ahora solo falta disfrutarlo y ser, ante todo, humildes y mesurados, porque de lo contrario, todos los que ahora hablan bien de La Roja, a la primera que jueguen mal dirán lo contrario, y lo que ahora es positivo, será, como siempre, convertido en una crítica destructiva, y seguiremos reproduciendo la lógica del amor/odio que está siempre, pero siempre, muy alejada de la realidad.
Eso por ahora, es un placer poder seguir acompañándolos. Esperamos poder cambiar de continente.
Hasta la victoria siempre.
Sebastían Kohan.